ASSISTED, UN COMENTARIO DE LA AUTOBIOGRAFÍA DE JOHN STOCKTON

Acabo de terminar de leer la autobiografía de John Stockton, Assisted. Es un libro que me ha sorprendido muy agradablemente. Por lo que está y por lo que no está. Si esperamos encontrar un relato de sus records individuales (asistencias, robos de balón), vayan olvidándose. Tampoco van a encontrar un recuento pormenorizado de sus diecinueve temporadas en la NBA. Las dos finales jugadas en 1997 y 1998 ocupan muy pocas páginas. Sin embargo, sí que vamos a leer la historia de su familia desde la Declaración de independencia de EEUU (su antecesor Richard Stockton figura con su firma al pie de la misma). Recorreremos con Stockton momentos embarazosos (como cuando se tuerce un tobillo al correr para pagar un ticket de parking justo antes de su primer partido como titular en la NBA, y no se atreve a contárselo a su entrenador), momentos íntimos (como cuando se declaró a su mujer Nada en pantalón de deporte sentados en el sofá), o momentos en los que nos declara sus creencias personales, como su antiabortismo o su fe católica.

assisted

Sabiendo que a Stockton le molesta la intrusión de los demás en su vida personal (y lo deja bien claro en uno de los capítulos del libro), llama mucho la atención la cantidad de anécdotas y detalles personales que nos cuenta acerca de él y de su familia. Por ejemplo, que primero conoció e intentó ligarse a la hermana gemela de Nada Stepovich, Laura, y cuando se dio cuenta de que tenía novio, decidió ir a por su hermana gemela. La infancia en su barrio (el Pequeño Vaticano) en Spokane, su amor y pasión por el deporte (practicaba fútbol, baloncesto y béisbol), tanto que le hace valorar como la primera cualidad de su mujer que sabe pasar y recibir un balón de fútbol americano; cómo sus padres le criaron en los valores de la honradez, el trabajo duro, el no buscar atajos, y la austeridad. Esa austeridad que siendo ya jugador profesional de los Utah Jazz le llevó a no encender la calefacción de su casa (Thurl Bailey le dijo que la encendiera, que no podía meter el dinero debajo de una roca), o a viajar en turista en los aviones y pedir que el equipo le devolviera la diferencia de precio. Vamos conociendo a una persona que le da muchísima importancia a la familia, los valores, las relaciones personales, y a sus mentores en la vida, sus padres y sus entrenadores. Al trabajo duro y constante, sin atajos.

Desde el punto de vista puramente baloncestístico, la parte más sabrosa es en la que habla de la época dorada de los Jazz, con dos entrenadores, Frank Layden y Jerry Sloan. Aquí podemos ver la química tan especial que existía entre jugadores, entrenadores y propietarios, que hizo que fuera un equipo de pequeño mercado con un carácter ganador  y un éxito extraordinario. “Podíamos insultarnos y halagarnos al mismo tiempo, sin mala fe (…) Las discursiones [entre jugadores y entrenadores] nunca eran hostiles. Siempre eran abiertas, y muchas veces animadas. Estos intercambios informales nos hicieron a ambos mejores jugadores y entrenadores”. La última negociación de Stockton con Larry Miller fue así: Miller le dijo, después de varias semanas de negociaciones, que escribiera en un papel la cantidad que valía, y él escribiría en otro lo que creía que valía Stockton. Cuando levantaron los papeles, las dos cantidades eran exactamente la misma, y ahí se acabó la negociación. Dos circunstancias curiosas que contribuyeron al éxito de los Jazz de los 90 fueron el trabajo de médicos y fisioterapeutas (que casi sin medicinas lograban auténticos milagros, y consiguieron que muy pocos jugadores se perdieran partidos por lesión), y el hecho de empezar a usar vuelos privados para los desplazamientos, que hacían que los jugadores pudieran descansar más en los viajes.

Otra parte realmente deliciosa son los dos capítulos sobre los Juegos Olímpicos de Barcelona 92 y Atlanta 96. Hay muchas anécdotas curiosas, pero la mejor es la de los SWAT aterrizando en la terraza donde estaba tendiendo la ropa la mujer de Stockton…y cuando lo leáis veréis qué tiene que ver Clyde Drexler con eso. Los balones de las dos finales olímpicas están en el Delta Center porque Stockton lo tenía cuando finalizaron los dos partidos, y se los quedó. En el 92, los croatas le dijeron que no tirase a canasta, y en el 96 Lenny Wilkens le dijo que se quedara botando hasta que se acabara el tiempo.

Stockton decide retirarse cuando en su última temporada se da cuenta que los jugadores jóvenes se encierran en sí mismos con las nuevas tecnologías (móviles, música) . Comenta que en ese último año, hizo más uso del servicio de habitaciones que en los 18 años anteriores.

Hay muchas, muchas anécdotas. Como que el suelo del Salt Palace ahora está en Spokane; qué pasa cuando tu ceremonia de introducción al Hall of Fame coincide con la del mejor jugador de la Historia (Michael Jordan). Que Phil Johnson tiene un lince adulto como mascota. O a qué se dedica una vez retirado del baloncesto profesional, literalmente a ver crecer la hierba…

Cuando Frank Layden se retira, le comenta a Stockton que uno tarda poco en convertirse en el periódico de ayer. Y este responde que en cualquier modo este “número” de ayer merece la pena ser guardado para releer una y otra vez.

En resumen, un libro muy recomendable para todos los aficionados al baloncesto, no solo los fans de los Jazz, delicioso por momentos, y con mucha información de los entresijos de un equipo que no se perdió los playoffs desde 1983 a 2003, el año de retirada de Stockton.

Finalizo con una frase de Frank Layden: “Stock, tienes que amar absolutamente lo que haces, de otro modo te conviertes en su esclavo”.

@thychobrahe

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